17 de mayo de 2010

Medina Azahara 3D

Recreacion 3D del puerto de Cartago

LA CUEVA DE LOS MURCIELAGOS-ZUHEROS (CÓRDOBA)

A cuatro kilómetros de Zuheros y en la cima del Cerro de los Murciélagos, se encuentra la Cueva de los Murciélagos, denominada así por estar habitada por estos mamíferos. Conocida arqueológicamente en toda Europa, es uno de los yacimientos Neolíticos más importantes de Andalucía y el primero en encontrarse en esta comunidad.

Situada en el término municipal de Zuheros, a unos 980 metros sobre el nivel del mar, esta cueva - más bien una diaclasa - ofrece dos entradas, denominadas Cueva Grande y Cueva Chica. La entrada de la primera da paso a un amplio Vestíbulo por el que se accede a una serie de corredores, entre ellos el Corredor de las Pinturas que desemboca en la Sala de las Formaciones, de gran belleza por las estalactitas y las estalagmitas que contiene. Desde aquí se pasa a otra sala también con espeleotemas, la Sala del Órgano, volviendo a estrecharse el recorrido hasta llegar a la Sala del Fémur, que da paso a otro corredor por el que se llega a la Sala de la Celosía o de la Campana y, más adelante, a la Sala de los Estratos, encontrándose ésta a pocos metros de la salida, por la Cueva Chica.


La cueva tiene un recorrido que supera los dos kilómetros, aunque la zona visitable es sólo de 450 metros (aproximadamente un 25 % del total), con más de 700 escalones y una profundidad de 63 metros visitables. La temperatura media es de 9º C, aunque en la entrada de Cueva Chica llega a alcanzar los 4º C.

La primera noticia escrita de la cueva data de 1868, pero no se explorará hasta 1938. Esta cueva es conocida en todo el mundo por sus pinturas y por el importantísimo yacimiento arqueológico que contiene, habiéndose realizado en ella varias excavaciones que han puesto de manifiesto el valor que tiene esta cueva para el conocimiento del Neolítico. Pero antes de este período la cueva fue ocupada durante el Paleolítico Medio, hace más de 35.000 años, por el Hombre de Neanderthal, dejando en el interior restos de su industria lítica, llamada Musteriense, y de los animales cazados. A continuación, también se documenta en la cueva una ocupación por el Homo Sapiens Sapiens, anatómicamente moderno, durante el denominado Paleolítico Superior (30.000-9.000 a. C.). Además de útiles líticos (hojitas de dorso, microgravettes,…), se han localizado en las paredes de la zona del Vestíbulo figuras grabadas de diferentes animales, formas indeterminadas y un considerable número de trazos.

El Neolítico es la etapa de la Prehistoria en la que el hombre cambia de economía; de cazador y recolector pasa a cultivar cereales y a criar animales domésticos, aunque no por ello abandona la caza y la recogida de frutos y bayas silvestres. Gracias a las últimas excavaciones realizadas desde 1990, hoy podemos reconstruir la vida del grupo humano que se estableció aquí entre el VIº y IVº milenios a. C. Este grupo, aunque frecuentaba toda la cueva, vivía cerca de la entrada, donde les llegaba la luz del día, encendiendo candelas para calentarse, preparar sus alimentos o almacenarlos en fosas circulares excavadas en el suelo. En estos lugares elaboraban los útiles de los que se servían en sus actividades cotidianas: hojas de sílex para cortar, útiles de hueso para trabajar el cuero; modelaban el barro para hacer vasijas, algunas bellamente decoradas como la cerámica a la almagra, denominada así por estar cubierta su superficie de un pigmento rojo, el almagre. También hacían objetos para su adorno personal: brazaletes, colgantes de conchas y caracoles marinos, etc.

Su dieta alimenticia la conocemos por los restos de trigo y cebada carbonizados y por los huesos de los animales, salvajes y domésticos, encontrados. Una vez recogido el cereal, parte se guardaba como semilla y el resto se tostaba y se iba consumiendo a lo largo de todo el año, triturándolo en molinos de piedra. La carne la tenían asegurada con los animales domésticos que criaban, pero cazaban animales salvajes, como ciervos, osos, jabalíes, etc. y recolectaban bellotas, aceitunas de acebuche, etc.

La cueva tiene gran importancia también por las pinturas que hay en algunas de sus paredes. Destacan las representaciones de cabras, muy esquematizadas pero muy claras, siendo únicas en la actualidad, ya que no hay otras parecidas a éstas, la figura de un ídolo oculado y varias figuras humanas, siendo todas pintadas durante el Neolítico (6.000-3.000 a. C.) y el Calcolítico (3.000-2.000 a. C.).

En el fondo de la Sala de las Formaciones se conserva, además un enterramiento del neolítico. El cadáver pertenece a un individuo masculino que fue depositado cuidadosamente en un gour (antiguo charco) y aparece tendido boca arriba de cintura hacia el cráneo, mientras que las piernas fueron flexionadas hacia la derecha.

De manera que la Cueva de los Murciélagos de Zuheros contiene uno de los yacimientos más completos del Neolítico, habiendo proporcionado restos de otras culturas Prehistóricas más recientes (Edad del Cobre o Calcolítico y Edad del Bronce) e Históricas (época romana). Además, destaca por la belleza indescriptible de alguna de sus salas, con gran cantidad de estalactitas, estalagmitas, gours, etc.

Por todo ello, os recomiendo encarecidamente visitar esta maravilla historica.

La Atlantida (II)

Ubicación de la Atlántida


La imagen romántica de una isla fabulosa tragada por el mar, ha significado que su ubicación haya sido buscada desde la época de Platón, aunque nadie está seguro si existió realmente muchos son los investigadores que la buscaron, una empresa no del todo descabellada, pues al fin y al cabo también la Troya de Homero se creía producto de la fantasía, hasta que el arqueólogo Heinrich Schliemann la descubrió en 1903. Las ubicaciones sugeridas para la Atlántida, incluyen lugares diversos:

En el Mar Mediterráneo -
Del relato de Platón se deduce que la civilización atlante debió florecer hace más de 12.000 años. Este dato no puede ser exacto en ningún caso, puesto que en aquellos remotos tiempos todavía no existía ninguna cultura evolucionada que trabajara los metales, estuviera gobernada por reyes y dominara los mares con sus barcos. En cuanto a la localización del misterioso continente, el texto del filósofo ateniense lo sitúa "más allá de las Columnas de Hércules", y esto significaba, según la concepción de la antigüedad, al otro lado del estrecho de Gibraltar, es decir, en el océano Atlántico. Pero atención, recordemos que la fábula procede de los antiguos egipcios y, para ellos, la isla perdida se llamaba Keftiu (el nombre que tenían para Creta). La fuente de información de Platón, el legislador y estadista Solón, pensaba naturalmente en griego, de modo que traduciría las indicaciones del sacerdote egipcio a su propia lengua, pudiendo producirse por esto algunos equívocos. Posiblemente los egipcios tenían en mente un lugar totalmente diferente al referido por Solón, ya que para esta civilización confinada en el valle del Nilo, el mundo conocido terminaba no ya en el Atlántico, sino en el mismo Mediterráneo.

La teoría que desde 1909 ha sumado más adeptos afirma que la Atlántida fue Creta u otra isla cercana, la de Santorini. Por consiguiente, la civilización atlante se identificaría con la minoica. Son muchos los datos que apoyan esta tesis. Para los antiguos egipcios, Creta constituía un lugar de interés a causa de su cercanía y su fuerza, aunque resultaba casi inaccesible debido a su ubicación en mitad del Mediterráneo. Por otro lado, la decadencia y caída de esta civilización encaja con el dramático final descrito por Platón: hacia el año 1500 a.C. una tremenda erupción volcánica en la isla de Thera (hoy llamada Santorini) originó terremotos, tsunamis y lluvias de cenizas que acabaron por dar el golpe de gracia a aquella cultura de la Edad del Bronce, que ya había sufrido anteriores seísmos.

La fecha es lo único que no concuerda, pues recordemos que, según Platón, la Atlántida debió florecer alrededor de 12.000 años atrás. Sin embargo, pudo ocurrir que el informador egipcio de Solón se hubiera basado para sus cálculos en uno de los calendarios lunares al uso en aquella época, confundiendo al griego, quien habría tomado los años lunares por solares. En tal caso, la fecha referida por el sacerdote sería el año 1200 a.C. aproximadamente, lo cual coincide, admitiendo un margen de tolerancia de dos o tres siglos, con la explosión de Thera.

En cualquier caso, por bien que suene esta hipótesis -desarrollada y defendida sobre todo por los investigadores griegos Angelos Galanopoulos y Spyridon Marinatos- también tiene sus puntos débiles. Así, la clasificación cronológica de los diferentes estilos cerámicos de la isla de Santorini demuestra que esta cultura sobrevivió al menos cincuenta años a la erupción del volcán. La Atlántida no se hundió, por tanto, en este lugar. Y menores son las posibilidades de que se tratara de la cercana isla de Creta; Cnosos, el centro de la cultura minoica, no se colapsó hasta algunos siglos después de la erupción del volcán y, como todos sabemos, la isla continúa en su sitio.



En el Océano Atlántico -
 El relato de Platón hablaba de una enorme isla "más allá de las columnas de Hércules" este dato hacia suponer que debía encontrarse en el Océano Atlántico y durante siglos investigadores del tema la situaron en dicho emplazamiento. Dicha teoría fue totalmente rechazada en 1.950 cuando se demostró la tectónica de placas y se comprobó que no existen ni existieron vestigios de ningún continente sumergido.

Hasta que dicho teórico emplazamiento se demostró que no era correcto, investigadores como Ignatius Donnelly, quien publicó su libro Atlantis: The Antidiluvian World en 1882, obra que conocería más de cincuenta ediciones y que sirvió de punto de partida para numerosas teorías posteriores. Donnelly estudió los enigmas de distintas culturas y elaboró a partir de tan misteriosos ingredientes una hipótesis irresistible: la Atlántida fue un continente entre Europa y América que se sumergió y que incluso llegó a constituir un puente terrestre entre ambos mundos.

Los principales datos que corroborarían su teoría son los siguientes: la lengua de los aztecas posee asombrosas semejanzas con la de los egipcios. (Esto no es exacto, dicen los escépticos; el parecido procede de una interpretación errónea de los signos de la escritura azteca). Los egipcios no fueron los únicos que construyeron pirámides; también los antiguos pueblos centroamericanos levantaron este tipo de estructuras, de modo que debió existir algún contacto entre ellos. (Tonterías, afirman los detractores de Donnelly; una forma geométrica tan elemental puede inspirar a cualquier arquitecto espontáneamente, sin que tenga que copiar de nadie).

Donnelly no ofrecía nuevas pruebas de la existencia de la Atlántida, sino una síntesis tan brillante como persuasiva de las ya existentes, echando mano de informaciones procedentes de campos tan diversos como la arqueología, la oceanografía, la filología, la geología, la historia, la mitología, la etnología, la zoología y la botánica para argumentar la historia de Platón y con la intención de demostrar que sin un continente que hubiera servido de puente las coincidencias que proponía no hubiesen podido darse.


La Atlántida en América -
 Al ser descubierto el nuevo continente surgió como es lógico una nueva teoría, ¿Podría ser América el continente descrito por Platón?, ¿era posible que las tierras descubiertas por Cristobal Colon fueran parte de la isla soñada?


La respuesta parecía ser no pues parecía muy improbable con la tecnología de la época que relataba Platón pudiesen realizarse viajes en barco a tan larga distancia y más cuando se describían flotas de 1200 barcos que conquistaban allá por donde pasaban con sus tropas. Un dato cuando menos curioso sobre esta teoría es el siguiente:

En una sesión de trance realizada en 1933, el vidente norteamericano Edgar Cayce describió de una forma colorista y fantástica la vida en aquella antigua civilización, prediciendo, además, que una parte de ella sería encontrada en el año 1968. Y en efecto, un año más tarde de lo vaticinado se descubrieron en el fondo marino frente a las Bahamas ciertas estructuras aparentemente realizadas por la mano humana. La localización de la Atlántida en esta zona ya había sido propuesta por otros investigadores, que sin duda se remitían a los datos aportados por el geógrafo romano Marcelo, del primer siglo antes de nuestra era. Según él, el continente perdido habría estado integrado por siete islas pequeñas y tres grandes, la mayor de ellas de 1.000 estadios de diámetro, lo que equivale aproximadamente a 200 kilómetros.

¿Debemos, pues, buscar los restos de la Atlántida en el Caribe? La mayor de las islas antillanas, La Española, tiene un tamaño que coincide más o menos con el calculado por el sabio Marcelo. Sin embargo, estas especulaciones tienen muy poco que ver con la descripción de Platón. Las formaciones de piedra encontradas son según los expertos tan solo una formación rocosa insólita y no tienen nada que ver con la mano del hombre y aún en el caso de ser estructuras arquitectónicas creadas por el hombre parece muy poco probable que perteneciesen a la Atlántida que relataba Platón y con casi total seguridad serían parte de una cultura megalítica aun desconocida.

14 de mayo de 2010

Reconstruccion 3D de paris en la edad media

La Atlantida

La leyenda cuenta que la Atlántida era una isla de grandes dimensiones, se podría considerar un continente, según algunas hipotesis en el Mediterráneo, en otras versiones en el Océano Atlántico, fue destruída por un terremoto o tsunami que inundó totalmente sus tierras dejándola por siempre sumergida bajo las aguas y olvidada en el pasado.
Sus habitantes poseían una tecnología y cultura muy superior a la de los contemporáneos de su época y fueron decisivos en los avances de todas las culturas mundiales. Su ubicación les permitía el acceso a culturas tan dispares como la egipcia y la Maya y eran consumados viajeros, dominando con sus barcos todos los mares y océanos del planeta. La similitud entre estructuras arquitectónicas como las piramides Mayas y Egipcias, o el parecido fonético de algunas palabras en culturas separadas por aguas y miles de kilómetros de distancia se deben según los partidarios de la existencia de dicha isla o continente y a la influencia que los Atlantes (nombre con el que habitualmente se designa a los habitantes de la Atlántida) gracias a su avanzada tecnología marcaron culturas de todo el mundo.


Nacimiento y Caída de la Atlántida

La leyenda de la Atlántida parte de Platón hacia el 350 a.C., el cual, en los diálogos Timeo y Critias, cuenta la historia de una civilización floreciente que vivía en una isla "más allá de las columnas de Hércules" (nombre antiguo del Estrecho de Gibraltar). Él aseguraba basarse en el sabio griego Solón, que 200 años antes decía haber oído en Egipto que una isla había sido destruida "al oeste" como consecuencia de un gran cataclismo que la sumergió en las aguas en tan solo unas horas. En más o menos 20 páginas describe esta floreciente cultura, sus ciudades y abundancias y como debido a una afrenta a los dioses (eran adoradores de Poseidón) fueron castigados y una serie de cataclismos les sumergieron en las aguas.

Hasta aquí podría parecer la típica historia moralista tan habitual en Mitología griega, pero numerosos estudiosos a lo largo de la historia han buscado su significado real pues en gran cantidad de culturas existen mitos similares a los de la Atlátida de Platón, según algunos de ellos existe una especie de memoria histórica o componente real en dicha historia y si bien la mayoría de las hipotesis fueron desestimadas por falta de pruebas o demostrada su invalidez, es cierto que de tratarse de un leyenda fue de gran difusión en una edad tan temprana del hombre que pervivió en diferentes y dispares culturas.