6 de junio de 2010

Ampurias

Fue la primera ciudad griega y romana situada en el noreste de la península Ibérica, en la comarca gerundense del Alto Ampurdán. Fue fundada en 575 a. C. por colonos de Focea como enclave comercial en el Mediterráneo occidental. Posteriormente fue ocupada por los romanos, pero la ciudad fue abandonada en la Alta Edad Media. Los yacimientos arqueológicos de Ampurias se encuentran sobre el golfo de Rosas, en el municipio de La Escala en la provincia de Gerona y son unos de los restos griegos más importantes de España. La zona está formada por una llanura hundida por donde pasan los ríos Ter y Fluviá. Para entenderla mejor debemos saber que nos encontramos ante 3 núcleos: Palaiápolis, Neápolis y ciudad romana.


La Palaiápolis (Del término griego literal que significa "Antigua -Paliá- Ciudad - Polis") la encontramos citada por Estrabón como fundación masaliota, foceos de Massalia, que adoraban a la diosa Ártemis de Éfeso. Este primer fue llevado a cabo en una isla frente a la costa, lo que hoy sería Sant Martí d’Empúries.

El término Neápolis transcripción literal del término griego que se aplica habitualmente en Grecia para designar la zona de crecimiento de cualquier ciudad por significar como se ha dicho literalmente "Nueva (néa) ciudad (polis)" y que fue aplicado en este caso por Puig i Cadafalch para designar al asentamiento situado al sur de la Paliápolis, ya tierra adentro. Este asentamiento nace como resultado del crecimiento demográfico que no puede soportar la “ciudad antigua”.

La ciudad romana es un antiguo praesidium, fortaleza, asentada en un promontorio más al oeste de la Neápolis. Es un rectángulo de 750x350 metros delimitado por una muralla que acoge un sistema urbano desarrollado en torno a las vías cardo y decumano.
Historia de Ampurias [editar]En un principio encontramos en esta zona una serie de pueblos asimilables a los de la cultura de los campos de urnas, los indiketes. Era una cultura del Bronce Final y la I Edad del Hierro que basaron su economía en una agricultura y ganadería de subsistencia. Un ejemplo de este tipo de pueblo lo encontramos en el yacimiento de Ullastret. Este poblado indiketa comerciará más tarde con los griegos.

Emporion griega
En el 575 a. C. llega a la península la última oleada colonizadora griega, la de los foceos, encaminada al comercio de larga distancia. Los focenses no creaban colonias de poblamiento sino que su objetivo era, primordialmente, comercial. La misma metrópolis, Focea, está erigida con esa finalidad.

Se establece la Palaiápolis, «ciudad antigua», como un mero puerto comercial isleño donde hacer escala frente a la desembocadura del río Fluviá. Con la llegada de los griegos, los indígenas se vuelven productores de bienes de consumo que intercambiarán con los helenos por mercancías más preciadas como el vino. En un principio depende de Massalia, como podemos observar en el gran número de ánforas massaliotas encontradas de esa época.

En el 550 a. C., según Estrabón, se establece una segunda fundación, ésta en tierra firme, en detrimento de la Palaiápolis, que experimenta un gran desarrollo urbanístico. Las palabras de Estrabón las vemos recogidas en su Geografía:

«Los emporitanos habitaban antes una islita delante de la costa que hoy se llama Palaiápolis, pero hoy viven ya en la tierra firme. Emporion es una ciudad doble, estando dividida por una muralla, teniendo antes, como vecinos, algunos indiketes (...). Pero con el tiempo se unieron en un solo estado, compuesto de leyes bárbaras y griegas, como sucede también en otras muchas ciudades»
Estrabón, Geografía, III. 4, 8.

Tras la conquista de Focea por Ciro II, emperador de Persia en 546 a. C, los foceos huyen a la nueva colonia de Alalia, en Córcega. Sin embargo, su presencia acaba incomodando a los cartagineses, que forman una coalición con los etruscos para acabar con ellos. En el 535 se produce la Batalla de Alalia. Los foceos volverán a huir, esta vez se refugiarán en Massalia y Emporion. La ciudad vio aumentada sensiblemente su población por refugiados.

En el s. V a. C. se produce una época de gran prosperidad basada sobre todo en el comercio griego, en especial con el aprovisionamiento ateniense. Se establecieron acuerdos políticos y comerciales con la población indígena, (que fundó en las cercanías la ciudad de Indika). Debido a su situación en la ruta comercial entre Massalia y Tartesos, la ciudad se convirtió en un gran centro económico y comercial además de la mayor colonia griega en la península Ibérica.

A partir del s. IV a. C. la ciudad ya crece de forma considerable y es conocida como Emporión, Ἐμπόριον. Sigue habiendo mucho comercio griego con la península y se empiezan a acuñar las primeras monedas, anepigráficas, en un primer momento, y con la leyenda EM, más tarde. A finales de este siglo se emiten ya dracmas con el tipo del caballo parado, según modelo púnico, y después con el característico pegaso en el reverso y la cabeza de Arethusa en el anverso.


Continúa el periodo de esplendor hasta la llegada de los Bárquidas. La competencia crea una recesión en la economía emporitana. Los emporitanos envían una embajada a Roma pidiendo ayuda. Roma cierra el Tratado del Ebro con Asdrúbal en el 226 a. C., según el cual los punos no podían pasar el río. Con la II Guerra Púnica Ampurias se significa como fiel aliada de Roma. En el 218 a. C. los romanos envían un ejército, que desembarca en Ampurias, con la misión de cortar los suministros de Aníbal, que está asolando Italia. Este hecho lo vemos citado por Tito Livio:

«Mientras estas cosas ocurrían en Italia, Cn. Cornelio Escipión, enviado a Hispania con una escuadra y un ejército, zarpó de las bocas del Ródano y doblando los montes Pirineos abordó en Ampurias. Desembarcó allí el ejército, y empezando por los lacetanos, sometió a Roma toda la costa hasta el Ebro, unas veces renovando alianzas, otras estableciéndolas.»

Ampurias durante el periodo romano
La primera presencia romana en Ampurias supuso la construcción de un campamento romano estable del ejército, donde hoy en día se halla la ciudad romana, aunque la existencia de éste campamento no supuso la sumisión de la ciudad griega a la República, sino que ambas eran iguales. Esto ocurrirá con la venida a Hispania del cónsul Marco Porcio Catón. Tras desembarcar en Rosas, su ejército ( estimado entre 52.000 y 70.000 hombres ) se dirige a Ampurias. Tito Livio hace referencia a este hecho describiéndonos la ciudad:


«Ampurias estaba formada por dos ciudades separadas por una muralla. Una ciudad habitada por griegos de Focea, como los massaliotas, y la otra por hispanos. La ciudad griega, próxima al mar, estaba rodeada por una muralla de menos de 400 pasos. La ciudad hispana, más alejada de la costa, tenía una muralla de 3.000 pasos de perímetro (...) La parte de la muralla que miraba a tierra, bien fortificada, tenía una sola puerta vigilada por un magistrado por turno. Por la noche montaban la guardia en las murallas la tercera parte de los ciudadanos (...).»
Tito Livio, Ab urbe condita, XXXIV, 9.

En torno al 100 a.c, se construiría una ciudad romana de nueva planta, que convivió en pie de igualdad con la vieja colonia focense. Por otro lado a pesar de la igualdad, la presencia de Roma influyó tanto sobre el pequeño núcleo griego, que los propios griegos se fueron romanizando, hasta que durante el principado de Augusto, se les fue concedida la ciudadanía romana, lo que provocó que los núcleos griego y romano acabasen físicamente unidos, como consecuencia de la unificación de ambas ciudades bajo un mismo estatuto jurídico nos encontramos por tanto con el denominado municipium Emporiae. Conviene destacar que en cuanto al núcleo indígena Indika, conocemos algunos datos gracias a algunos pasajes de Estrabón y Tito Livio, quienes explican que la comunidad grecorromana y la indígena vivían separadas por un muro.

Mantendrá sus instituciones hasta la guerra civil entre Pompeyo y Julio César, fecha en la que el partido proPompeyo gana en la ciudad, lo que supondrá, tras la victoria de César, la anulación de su independencia y el establecimiento de una colonia de veteranos a su lado.

A partir del siglo I d.c, tras la conquista total de Iberia por Roma, Ampurias entró en decadencia, ensombrecida por el poder de Tarraco y Barcino. La primera, convertida en capital, hizo que las antiguas ciudades romanas de origen republicano entraran en un proceso de decadencia. A finales del I d. C. se empiezan a abandonar zonas de Ampurias y ciertos edificios se derrumban.

Ampurias durante la tardoantigüedad
En el s. III d. C. la población se va hacia la antigua Palaiápolis, que estaba mejor fortificada. La ciudad griega pasó a ser un cementerio, mientras que la romana pervivió como población hasta la invasión normanda del siglo IX. La continuidad de la importancia de esta pequeña ciudad, quedó demostrada por el hecho de que, después de la reconquista del norte de Cataluña por Carlomagno en el 785, Ampurias fuese la capital del condado carolingio del mismo nombre, siendo ésta una condición que la vieja ciudad mantuvo hasta el progresivo traslado de los condes en el siglo XI, al avecina localidad de Castellón de Ampurias. Este desplazamiento comenzó a raíz del aviso que supuso para su seguridad la destrucción a la que se vio sometida Ampurias en el año 935 a manos de una escuadra árabe fletada y enviada desde Almería por Abderramán III.


En la actualidad, el foro romano de Ampurias/Empúries (Girona) se ha convertido en un espacio museístico, así como el conjunto monumental que lo rodea, después de unas obras de restauración en el yacimiento arqueológico, único lugar de España donde conviven los restos de una ciudad griega con los de una ciudad romana.

Las obras de restauración y museización del foro romano y del conjunto monumental de Empúries permiten la conservación de elementos originales, así como la reconstrucción de las estructuras con el objetivo de facilitar la comprensión a los visitantes

17 de mayo de 2010

Medina Azahara 3D

Recreacion 3D del puerto de Cartago

LA CUEVA DE LOS MURCIELAGOS-ZUHEROS (CÓRDOBA)

A cuatro kilómetros de Zuheros y en la cima del Cerro de los Murciélagos, se encuentra la Cueva de los Murciélagos, denominada así por estar habitada por estos mamíferos. Conocida arqueológicamente en toda Europa, es uno de los yacimientos Neolíticos más importantes de Andalucía y el primero en encontrarse en esta comunidad.

Situada en el término municipal de Zuheros, a unos 980 metros sobre el nivel del mar, esta cueva - más bien una diaclasa - ofrece dos entradas, denominadas Cueva Grande y Cueva Chica. La entrada de la primera da paso a un amplio Vestíbulo por el que se accede a una serie de corredores, entre ellos el Corredor de las Pinturas que desemboca en la Sala de las Formaciones, de gran belleza por las estalactitas y las estalagmitas que contiene. Desde aquí se pasa a otra sala también con espeleotemas, la Sala del Órgano, volviendo a estrecharse el recorrido hasta llegar a la Sala del Fémur, que da paso a otro corredor por el que se llega a la Sala de la Celosía o de la Campana y, más adelante, a la Sala de los Estratos, encontrándose ésta a pocos metros de la salida, por la Cueva Chica.


La cueva tiene un recorrido que supera los dos kilómetros, aunque la zona visitable es sólo de 450 metros (aproximadamente un 25 % del total), con más de 700 escalones y una profundidad de 63 metros visitables. La temperatura media es de 9º C, aunque en la entrada de Cueva Chica llega a alcanzar los 4º C.

La primera noticia escrita de la cueva data de 1868, pero no se explorará hasta 1938. Esta cueva es conocida en todo el mundo por sus pinturas y por el importantísimo yacimiento arqueológico que contiene, habiéndose realizado en ella varias excavaciones que han puesto de manifiesto el valor que tiene esta cueva para el conocimiento del Neolítico. Pero antes de este período la cueva fue ocupada durante el Paleolítico Medio, hace más de 35.000 años, por el Hombre de Neanderthal, dejando en el interior restos de su industria lítica, llamada Musteriense, y de los animales cazados. A continuación, también se documenta en la cueva una ocupación por el Homo Sapiens Sapiens, anatómicamente moderno, durante el denominado Paleolítico Superior (30.000-9.000 a. C.). Además de útiles líticos (hojitas de dorso, microgravettes,…), se han localizado en las paredes de la zona del Vestíbulo figuras grabadas de diferentes animales, formas indeterminadas y un considerable número de trazos.

El Neolítico es la etapa de la Prehistoria en la que el hombre cambia de economía; de cazador y recolector pasa a cultivar cereales y a criar animales domésticos, aunque no por ello abandona la caza y la recogida de frutos y bayas silvestres. Gracias a las últimas excavaciones realizadas desde 1990, hoy podemos reconstruir la vida del grupo humano que se estableció aquí entre el VIº y IVº milenios a. C. Este grupo, aunque frecuentaba toda la cueva, vivía cerca de la entrada, donde les llegaba la luz del día, encendiendo candelas para calentarse, preparar sus alimentos o almacenarlos en fosas circulares excavadas en el suelo. En estos lugares elaboraban los útiles de los que se servían en sus actividades cotidianas: hojas de sílex para cortar, útiles de hueso para trabajar el cuero; modelaban el barro para hacer vasijas, algunas bellamente decoradas como la cerámica a la almagra, denominada así por estar cubierta su superficie de un pigmento rojo, el almagre. También hacían objetos para su adorno personal: brazaletes, colgantes de conchas y caracoles marinos, etc.

Su dieta alimenticia la conocemos por los restos de trigo y cebada carbonizados y por los huesos de los animales, salvajes y domésticos, encontrados. Una vez recogido el cereal, parte se guardaba como semilla y el resto se tostaba y se iba consumiendo a lo largo de todo el año, triturándolo en molinos de piedra. La carne la tenían asegurada con los animales domésticos que criaban, pero cazaban animales salvajes, como ciervos, osos, jabalíes, etc. y recolectaban bellotas, aceitunas de acebuche, etc.

La cueva tiene gran importancia también por las pinturas que hay en algunas de sus paredes. Destacan las representaciones de cabras, muy esquematizadas pero muy claras, siendo únicas en la actualidad, ya que no hay otras parecidas a éstas, la figura de un ídolo oculado y varias figuras humanas, siendo todas pintadas durante el Neolítico (6.000-3.000 a. C.) y el Calcolítico (3.000-2.000 a. C.).

En el fondo de la Sala de las Formaciones se conserva, además un enterramiento del neolítico. El cadáver pertenece a un individuo masculino que fue depositado cuidadosamente en un gour (antiguo charco) y aparece tendido boca arriba de cintura hacia el cráneo, mientras que las piernas fueron flexionadas hacia la derecha.

De manera que la Cueva de los Murciélagos de Zuheros contiene uno de los yacimientos más completos del Neolítico, habiendo proporcionado restos de otras culturas Prehistóricas más recientes (Edad del Cobre o Calcolítico y Edad del Bronce) e Históricas (época romana). Además, destaca por la belleza indescriptible de alguna de sus salas, con gran cantidad de estalactitas, estalagmitas, gours, etc.

Por todo ello, os recomiendo encarecidamente visitar esta maravilla historica.

La Atlantida (II)

Ubicación de la Atlántida


La imagen romántica de una isla fabulosa tragada por el mar, ha significado que su ubicación haya sido buscada desde la época de Platón, aunque nadie está seguro si existió realmente muchos son los investigadores que la buscaron, una empresa no del todo descabellada, pues al fin y al cabo también la Troya de Homero se creía producto de la fantasía, hasta que el arqueólogo Heinrich Schliemann la descubrió en 1903. Las ubicaciones sugeridas para la Atlántida, incluyen lugares diversos:

En el Mar Mediterráneo -
Del relato de Platón se deduce que la civilización atlante debió florecer hace más de 12.000 años. Este dato no puede ser exacto en ningún caso, puesto que en aquellos remotos tiempos todavía no existía ninguna cultura evolucionada que trabajara los metales, estuviera gobernada por reyes y dominara los mares con sus barcos. En cuanto a la localización del misterioso continente, el texto del filósofo ateniense lo sitúa "más allá de las Columnas de Hércules", y esto significaba, según la concepción de la antigüedad, al otro lado del estrecho de Gibraltar, es decir, en el océano Atlántico. Pero atención, recordemos que la fábula procede de los antiguos egipcios y, para ellos, la isla perdida se llamaba Keftiu (el nombre que tenían para Creta). La fuente de información de Platón, el legislador y estadista Solón, pensaba naturalmente en griego, de modo que traduciría las indicaciones del sacerdote egipcio a su propia lengua, pudiendo producirse por esto algunos equívocos. Posiblemente los egipcios tenían en mente un lugar totalmente diferente al referido por Solón, ya que para esta civilización confinada en el valle del Nilo, el mundo conocido terminaba no ya en el Atlántico, sino en el mismo Mediterráneo.

La teoría que desde 1909 ha sumado más adeptos afirma que la Atlántida fue Creta u otra isla cercana, la de Santorini. Por consiguiente, la civilización atlante se identificaría con la minoica. Son muchos los datos que apoyan esta tesis. Para los antiguos egipcios, Creta constituía un lugar de interés a causa de su cercanía y su fuerza, aunque resultaba casi inaccesible debido a su ubicación en mitad del Mediterráneo. Por otro lado, la decadencia y caída de esta civilización encaja con el dramático final descrito por Platón: hacia el año 1500 a.C. una tremenda erupción volcánica en la isla de Thera (hoy llamada Santorini) originó terremotos, tsunamis y lluvias de cenizas que acabaron por dar el golpe de gracia a aquella cultura de la Edad del Bronce, que ya había sufrido anteriores seísmos.

La fecha es lo único que no concuerda, pues recordemos que, según Platón, la Atlántida debió florecer alrededor de 12.000 años atrás. Sin embargo, pudo ocurrir que el informador egipcio de Solón se hubiera basado para sus cálculos en uno de los calendarios lunares al uso en aquella época, confundiendo al griego, quien habría tomado los años lunares por solares. En tal caso, la fecha referida por el sacerdote sería el año 1200 a.C. aproximadamente, lo cual coincide, admitiendo un margen de tolerancia de dos o tres siglos, con la explosión de Thera.

En cualquier caso, por bien que suene esta hipótesis -desarrollada y defendida sobre todo por los investigadores griegos Angelos Galanopoulos y Spyridon Marinatos- también tiene sus puntos débiles. Así, la clasificación cronológica de los diferentes estilos cerámicos de la isla de Santorini demuestra que esta cultura sobrevivió al menos cincuenta años a la erupción del volcán. La Atlántida no se hundió, por tanto, en este lugar. Y menores son las posibilidades de que se tratara de la cercana isla de Creta; Cnosos, el centro de la cultura minoica, no se colapsó hasta algunos siglos después de la erupción del volcán y, como todos sabemos, la isla continúa en su sitio.



En el Océano Atlántico -
 El relato de Platón hablaba de una enorme isla "más allá de las columnas de Hércules" este dato hacia suponer que debía encontrarse en el Océano Atlántico y durante siglos investigadores del tema la situaron en dicho emplazamiento. Dicha teoría fue totalmente rechazada en 1.950 cuando se demostró la tectónica de placas y se comprobó que no existen ni existieron vestigios de ningún continente sumergido.

Hasta que dicho teórico emplazamiento se demostró que no era correcto, investigadores como Ignatius Donnelly, quien publicó su libro Atlantis: The Antidiluvian World en 1882, obra que conocería más de cincuenta ediciones y que sirvió de punto de partida para numerosas teorías posteriores. Donnelly estudió los enigmas de distintas culturas y elaboró a partir de tan misteriosos ingredientes una hipótesis irresistible: la Atlántida fue un continente entre Europa y América que se sumergió y que incluso llegó a constituir un puente terrestre entre ambos mundos.

Los principales datos que corroborarían su teoría son los siguientes: la lengua de los aztecas posee asombrosas semejanzas con la de los egipcios. (Esto no es exacto, dicen los escépticos; el parecido procede de una interpretación errónea de los signos de la escritura azteca). Los egipcios no fueron los únicos que construyeron pirámides; también los antiguos pueblos centroamericanos levantaron este tipo de estructuras, de modo que debió existir algún contacto entre ellos. (Tonterías, afirman los detractores de Donnelly; una forma geométrica tan elemental puede inspirar a cualquier arquitecto espontáneamente, sin que tenga que copiar de nadie).

Donnelly no ofrecía nuevas pruebas de la existencia de la Atlántida, sino una síntesis tan brillante como persuasiva de las ya existentes, echando mano de informaciones procedentes de campos tan diversos como la arqueología, la oceanografía, la filología, la geología, la historia, la mitología, la etnología, la zoología y la botánica para argumentar la historia de Platón y con la intención de demostrar que sin un continente que hubiera servido de puente las coincidencias que proponía no hubiesen podido darse.


La Atlántida en América -
 Al ser descubierto el nuevo continente surgió como es lógico una nueva teoría, ¿Podría ser América el continente descrito por Platón?, ¿era posible que las tierras descubiertas por Cristobal Colon fueran parte de la isla soñada?


La respuesta parecía ser no pues parecía muy improbable con la tecnología de la época que relataba Platón pudiesen realizarse viajes en barco a tan larga distancia y más cuando se describían flotas de 1200 barcos que conquistaban allá por donde pasaban con sus tropas. Un dato cuando menos curioso sobre esta teoría es el siguiente:

En una sesión de trance realizada en 1933, el vidente norteamericano Edgar Cayce describió de una forma colorista y fantástica la vida en aquella antigua civilización, prediciendo, además, que una parte de ella sería encontrada en el año 1968. Y en efecto, un año más tarde de lo vaticinado se descubrieron en el fondo marino frente a las Bahamas ciertas estructuras aparentemente realizadas por la mano humana. La localización de la Atlántida en esta zona ya había sido propuesta por otros investigadores, que sin duda se remitían a los datos aportados por el geógrafo romano Marcelo, del primer siglo antes de nuestra era. Según él, el continente perdido habría estado integrado por siete islas pequeñas y tres grandes, la mayor de ellas de 1.000 estadios de diámetro, lo que equivale aproximadamente a 200 kilómetros.

¿Debemos, pues, buscar los restos de la Atlántida en el Caribe? La mayor de las islas antillanas, La Española, tiene un tamaño que coincide más o menos con el calculado por el sabio Marcelo. Sin embargo, estas especulaciones tienen muy poco que ver con la descripción de Platón. Las formaciones de piedra encontradas son según los expertos tan solo una formación rocosa insólita y no tienen nada que ver con la mano del hombre y aún en el caso de ser estructuras arquitectónicas creadas por el hombre parece muy poco probable que perteneciesen a la Atlántida que relataba Platón y con casi total seguridad serían parte de una cultura megalítica aun desconocida.

14 de mayo de 2010

Reconstruccion 3D de paris en la edad media

La Atlantida

La leyenda cuenta que la Atlántida era una isla de grandes dimensiones, se podría considerar un continente, según algunas hipotesis en el Mediterráneo, en otras versiones en el Océano Atlántico, fue destruída por un terremoto o tsunami que inundó totalmente sus tierras dejándola por siempre sumergida bajo las aguas y olvidada en el pasado.
Sus habitantes poseían una tecnología y cultura muy superior a la de los contemporáneos de su época y fueron decisivos en los avances de todas las culturas mundiales. Su ubicación les permitía el acceso a culturas tan dispares como la egipcia y la Maya y eran consumados viajeros, dominando con sus barcos todos los mares y océanos del planeta. La similitud entre estructuras arquitectónicas como las piramides Mayas y Egipcias, o el parecido fonético de algunas palabras en culturas separadas por aguas y miles de kilómetros de distancia se deben según los partidarios de la existencia de dicha isla o continente y a la influencia que los Atlantes (nombre con el que habitualmente se designa a los habitantes de la Atlántida) gracias a su avanzada tecnología marcaron culturas de todo el mundo.


Nacimiento y Caída de la Atlántida

La leyenda de la Atlántida parte de Platón hacia el 350 a.C., el cual, en los diálogos Timeo y Critias, cuenta la historia de una civilización floreciente que vivía en una isla "más allá de las columnas de Hércules" (nombre antiguo del Estrecho de Gibraltar). Él aseguraba basarse en el sabio griego Solón, que 200 años antes decía haber oído en Egipto que una isla había sido destruida "al oeste" como consecuencia de un gran cataclismo que la sumergió en las aguas en tan solo unas horas. En más o menos 20 páginas describe esta floreciente cultura, sus ciudades y abundancias y como debido a una afrenta a los dioses (eran adoradores de Poseidón) fueron castigados y una serie de cataclismos les sumergieron en las aguas.

Hasta aquí podría parecer la típica historia moralista tan habitual en Mitología griega, pero numerosos estudiosos a lo largo de la historia han buscado su significado real pues en gran cantidad de culturas existen mitos similares a los de la Atlátida de Platón, según algunos de ellos existe una especie de memoria histórica o componente real en dicha historia y si bien la mayoría de las hipotesis fueron desestimadas por falta de pruebas o demostrada su invalidez, es cierto que de tratarse de un leyenda fue de gran difusión en una edad tan temprana del hombre que pervivió en diferentes y dispares culturas.

15 de enero de 2010

La ruta de Seneca

Arqueologia prohibida: Descubrimientos incomodos para la ciencia.



¿Mito o realidad?..... la arqueologia prohibida nos pone de manifiesto informaciones cientificas que podrian ser imposibles, desde el punto de vista de la historia tradicional.
Según mi opinión, no son mas que meros fallos de datación o incluso montajes y farsas.
Pero esa es mi humilde opinión... deja tu huella y opina de que se trata.

Tera, el fín de los minoicos

110 kilómetros al norte de Creta está situada la isla que hoy conocemos como Tera (miedo) y que hace 4000 años sus habitantes llamaban Kalliste (la muy hermosa). Un lugar donde llegó el esplendor de uno de los pueblos más impresionantes de la antigüedad, el minoico, y que hoy, gracias a gente como Spyridon Marinatos, Christos Doumas o Charles Pellegrino, rescatamos del olvido y le devolvemos la luz del sol que una vez perdió.

Hablamos de una civilización, la minoica, que fue la envidia de los faraones y visires de Egipto. Poseían la primera flota del mundo y su autoridad en el Mediterráneo abarcaba desde el oriente hasta Tirrenia (Italia). Incluso disponían de agua caliente que repartían por los edificios de hasta 4 pisos de altura mediante un moderno sistema de tuberías.

Pero a finales del siglo XVII a.C. una terrible explosión volcánica hizo que más de 80 km cúbicos de roca terana se elevaran por los aires en forma de vapor y en su lugar se formara, a causa de la invasión del Mediterráneo en el hueco, una impresionante catarata de más de un kilómetro y medio de profundidad. Un precioso y a la vez dantesco escenario que significó el principio del fin para los minoicos y que sin duda tuvo un gran eco entre los pueblos vecinos. ¿Tanto como para que un milenio más tarde Platón escribiera acerca de lo ocurrido y llamara a los minoicos, atlantes?


El imperio minoico

Nos remontamos al cuarto milenio antes de que un niño, al que llamaron Jesús, naciera en Belén y cambiara el curso de la historia. En la isla de Creta comenzaba a emerger la civilización minoica. No se sabe a ciencia cierta de donde procedía este pueblo, pero lo que si es seguro es que alrededor del 3500 a.C. éstos ya habitaban la isla egea (hasta el momento no se han encontrado herramientas o piezas del alfarería anteriores a esta fecha).


Su desarrollo tecnológico fue brutal, solo comparable al ocurrido en Egipto entre las dinastías III y IV cuando pasó de construir unas simples mastabas funerarias a erigir las colosales pirámides. Alrededor del 2100 a.C. el Imperio Minoico, mejor dicho su marina, dominaba gran parte del Mediterráneo aunque no es de extrañar dado que estaban prácticamente solos. Y es que los egipcios nunca se hicieron famosos por poseer una poderosa flota.


                      Mapa de la isla de Tera,  lo que queda de ella.

Era un pueblo pacífico, muestra de ello es que no dejaron ningún signo de violencia en su arte. Sus ciudades no estaban fortificadas y no se conoce, hasta su ocaso, ninguna evidencia que haga pensar que sufrieran algún tipo de invasión o ataque por parte de otro pueblo. Pero en fin, tampoco tiene porque sorprendernos mucho, con semejante flota era bastante difícil que alguien pudiera siquiera acercarse a ellos.

Una de sus principales fuentes de recursos era el comercio. Así, cuando en el siglo XXII a.C. sus barcos llegaron a las costas de Egipto y contemplaron la magnificencia de sus monumentos seguro que se les abrieron los ojos como platos y no pudieron dormir durante algunas noches pensando en todos los negocios que podrían hacer. De hecho son numerosas las constancias egipcias acerca de Creta (o Keftiu como ellos la llamaban) que han llegado hasta nuestros días. Los habitantes del Nilo siempre consideraron a los minoicos como un pueblo culto y civilizado y el comercio entre ambos fue muy importante desde sus comienzos.

La situación era idílica hasta que algo ocurrió. De pronto, durante la dinastia XVIII egipcia y en el periodo de los reinados de Hatshepsut, Tutmosis III y Amenofis II, algunas representaciones de los minoicos en las tumbas y templos fueron retocadas dándoles un toque más helenístico. Y es precisamente en la tumba de Amenofis II (también llamado Amenhotep II) dónde los jeroglíficos aluden por última vez a Keftiu en una imagen en la que aparecen unos extranjeros con objetos minoicos.

Definitivamente algo había cambiado. Los egipcios debieron dejar de recibir la visita de sus amigos los minoicos y en su lugar comenzaron a llegar personas con otras vestimentas (los griegos continentales ocuparon los territorios minoicos tras su ocaso). Notaron que el poder habia cambiado de manos y de ahí el retoque de ciertas imágenes. El pueblo egipcio siempre fue un pueblo muy diplomático y adulador. Pero, ¿qué llevó a este cambio tan brusco?. Siempre recordaré las palabras de Ipuwer cuando dice: “Hoy nadie navega hasta Biblos. ¿Qué haremos respecto a la madera de cedro para nuestras momias? Los sacerdotes son enterrados con sus productos; los nobles son embalsamados con sus óleos correspondientes, hasta tan lejos como Keftiu. Pero ya no llegan.” .. ya no llegan, algo les ha debido ocurrir…


La explosión de Tera


Y efectivamente, algo había ocurrido. Es hora de dirigir de nuevo nuestra mirada hacia Tera, esa pequeña isla al norte de Creta, y para ello lo haremos de la mano del prestigioso arqueo-paleontólogo Charles Pellegrino y con los datos aportados por Marinatos y Doumas, responsables de las excavaciones en Tera. En el centro de la isla un enorme volcán de 1600 metros de altura no impidió que unos valientes habitaran allí. Mantenían un estrecho contacto con la vecina isla de Creta y su tecnología era maravillosamente moderna. Pero todo ello lo dejo para más adelante, ahora centrémonos en Tera y su volcán.




                       Efectos de los terremotos en una escalera.

Estamos a mediados del siglo XVII a.C. El volcán, tranquilo y sereno durante muchos años decide salir de su letargo causando el terror entre los habitantes de Tera. Una serie de terremotos de cierta magnitud (se ha encontrado incluso una escalera resquebrajada por los seísmos) obligó a la gente a huir hacia las islas vecinas. Por lo que las excavaciones han permitido averiguar la marcha se produjo de forma controlada. No se han encontrado restos de ganadería, joyas u objetos de valor (salvo en una pequeña zona al oeste de la isla), lo que hace pensar que a los teranos les dio tiempo de recoger todas sus pertenencias antes de abandonar Tera. La ceniza que desprendía el volcán hizo que se formara una pequeña capa de ésta en la ciudad pero poco más ocurrió.

Pasó el tiempo, quizás solo unos meses quizás años, y el volcán volvió a un estado de reposo, el suficiente para que algunos decidieran volver a sus hogares (se han descubierto obras de reparación en ciertos lugares de la ciudad). Pero llegó el otoño del 1628 a.C. (una estimación de Pellegrino que explicaré en otro momento) y el volcán despertó de nuevo, esta vez con muchísima más violencia. La poca gente que se decidió a volver salió nuevamente y el volcán comenzó a emanar tal cantidad de ceniza que ciertos lugares quedaron sepultados bajo más de 60 metros de ella, y esto es lo que ha permitido que hayamos encontrado la ciudad hoy en día casi tal y como la dejaron los teranos hace más de 3500 años.

Pero lo peor aún estaba por llegar. En un instante el enorme volcán estalló de forma violentísima. El centro de la isla, donde se hallaba éste, desapareció en milésimas de segundo y en su lugar, donde antes había una montaña de 1600 metros de altura ahora había un enorme hoyo de 125 km cúbicos con una profundidad de más de 1.5 km donde el agua del Mediterráneo comenzó a entrar formando una inmensa catarata.




                              Excavaciones de la ciudad perdida, Tera

Para que os hagáis una idea, la fuerza de la explosión del volcán de Tera sería comparable a la desprendida por 150 bombas de hidrógeno estallando a la vez. Fue 6 veces más potente que la explosión del Krakatoa en 1883 y hay que recordar que ésta fue escuchada a más de 3200 km de distancia y tuvo la suficiente fuerza como para agrietar muros y hacer temblar ventanas a más de 160 km.

En Tera, tras desaparecer el volcán, inmediatamente se formó una enorme nube que cubrió el cielo. Comenzó a llover fuego sobre las vecinas islas de Melos, Naxos y Creta. Mientras la nube, formada por ceniza y una cortina de vapor que aparecía y desaparecía en sus bordes, avanzaba desprendiendo un calor intenso. En menos de una hora la sombra de la muerte alcanzó los 300 km de distancia hundiendo los barcos que se encontraba en su camino. Llegó a Turquía y Egipto convirtiendo el día en noche aunque su temperatura y fuerza habían disminuido mucho. La sombra continuó hacia el este sobre Siria e Iran y se fue dividiendo y suavizando mientras recorría Asia. Cabe mencionar que se han encontrado restos de la capa de ceniza terana en diversas partes de Egipto.

Y tras el fuego… el agua


Si bien la lluvia de fuego o la nube de ceniza y calor intenso fueron importantes también es cierto que no tanto como para afectar de manera tan catastrófica a la isla de Creta, verdadero centro del poder minoico. Otra fuerza mucho más devastadora tuvo que ser la culpable de que los minoicos perdieran su hegemonía en el Mediterráneo y se vieran indefensos ante la invasión de pueblos extranjeros, en este caso de los griegos continentales.




    El enorme tsunami arrasó el norte de la isla de Creta y provoco el caos entre su población.

Para averiguar todo ello vamos a retrotraernos al verano del 1932 d.C. El arqueólogo Spyridon Marinatos se hallaba trabajando en la costa septentrional de Creta (la costa norte, frente a Tera) en un lugar llamado Amnisos. Allí, en unas excavaciones, observó como unos muros de piedra se habían desplomado de un modo un tanto extraño. En una de las casas faltaba toda la parte superior de un bloque vertical y cual fue su sorpresa cuando el resto del bloque fue hallado a más de 100 metros, encajaba perfectamente y ¡pesaba media tonelada!.

Hay que ser tonto, y Marinatos no lo era, para pensar que alguno de los invasores posteriores pudo dedicarse a romper y trasladar un bloque de media tonelada a más de 100 metros sin ninguna causa aparente. No, ese bloque fue arrastrado por la fuerza de una gran corriente de agua, el tsunami.

Posteriores investigaciones han aportado pruebas acerca del tsunami que se originó tras la explosión de Tera. Por ejemplo, se sabe que en el golfo de Kerme (Turquia), a más de 200 km al este de Tera, la ola llegó con tal fuerza que gracias a la holografía del terreno, que actuo como cuña, ésta se elevó hasta los 250 metros de altura y penetró más de 50 km tierra adentro. Algo parecido ocurrió en el oeste, en el golfo de Nauplis (Grecia).

Cuesta imaginar que efectos devastadores acaecieron en la costa norte de Creta a causa del tsunami. La ciudad de Cnosos (al norte de la isla) debió sucumbir ante la fuerza del agua y la mayor parte de la flota (por no decir toda) atracada en su puerto de Heraclión debió quedar reducida a astillas. Quizás, solo algunos barcos que se encontraban en ese instante en alta mar pudieron salvarse de la ola terana dado que el verdadero poder destructor de ésta reside al romper contra la costa, en el interior del mar sus efectos se reducen considerablemente. Aunque hay que recordar que muchos de estos barcos también sufrieron la nube de cenizas y calor.

El ocaso minoico




                                          Dama tirinta, arte minoico

En unas horas la importante flota cretense quedó reducida considerablemente y lo que es peor, sin las infraestructuras necesarias para reconstruirla en poco tiempo. Con una isla, Creta, prácticamente devastada, con el puerto y astilleros destruidos y sin apenas barcos, la situación era muy delicada. Estaban indefensos y los griegos continentales se aprovecharon de ello invadiendo la isla. Los minoicos pasaron de controlar todo el Mediterráneo a estar subyugados al poder helenístico en apenas 50 años.

No se sabe muy bien que ocurrió con todos los supervivientes, especialmente con los maestros y expertos artesanos. Quizás algunos fueran seleccionados por los griegos y los más valiosos enviados a Grecia o Italia. Se cree que otra parte navegó hacia el sureste rumbo a Túnez y se instalaron en las montañas Atlas. Otros fueron al sur, a Egipto, donde los más talentosos al parecer se convirtieron en un conjunto de nobles egipcios. Y quizás el resto viajaron hacia el este, llevando su particular arquitectura al país que denominaron Filistea o Palestina.

2000 años contempló la Tierra el caminar de un pueblo pacífico, culto e inteligente. 2000 años de prosperidad y avances tecnológicos. 2000 años de sueños interrumpidos por una naturaleza sin compasión y que aún hoy en día nos recuerda que jamás podremos dominarla.